Aun guardo aquella vieja postar parisina, de la bella mujer desconocida, y la dedicatoria en letra de piquitos, escrita con pluma fuente. La guardo por linda, por antigua, por que es mia, porque alguien un dia decidio que a quien pertenecia llevaba demasiado tiempo muerta como para que le importara el paradero de aquella postal. Por eso ahora es mia, no es dirigida a mi la dedicatoria, pero la guardo con celo como un caro recuerdo de familia.
De la familia que siempre quise, de los antepasados que quise ver reflejados en viejas fotografias sepia recordando cada nombre, cada dato.
La familia que me acogiera cuando de niña me cayera de un arbol, la abuela condesdenciente que cuando yo fuera adolescente me hiciera contarle como eran los ojos de aquel muchacho simpatico y educado para poder recordar los del abuelo, cuando a hurtadillas la miraba al verla pasar junto a su madre camino al mercado.
De aquello me queda solo esa postal, de la mujer bella, sin tiempo, sin prisa, sin preocupacion y sin edad.
Y el recuerdo de aquella extensa familia que no tuve jamas.

